Dante nunca fue un chico listo. Siempre se saltaba clases, o dormía en medio de horarios escolares. No tenía metas, sueños a futuro. Se la pasaba pensando, decía él. "Pensando cosas, muchas cosas, Bea."
Pensando, Bea. Sí, siempre decía lo mismo, pero la mayor parte del tiempo se la pasaba durmiendo o viendo televisión. No le gustaban mucho las actividades físicas, así que tampoco salía mucho. Se la pasaba ahí, en esa casa húmeda y avejentada, durmiendo. Perdón, pensando. ¿Pensando?.
Cuando dormía pensaba, según él. Se le aclaraba la mente, veía más lejos al despertar. Era su ejercicio mental personal. Obviamente, todas mentiras. Sólo quería recluírse, no hacer nada. Soñar con que hacía algo, decía cosas, con que era alguien más. Eso había interpretado.
Ni siquiera supo cómo fue que empezaron a salir. Un día eran amigos, al otro eran otra cosa. Fue algo del momento, sin embargo, ambos sabían que iba a suceder. Desde los trece años lo sabían. Habían sido años y años de una apagada y aburrida espera, hasta que sucedió y fue un día más. Simplemente habían tomado conciencia de aquello que era ahora su relación.
No salían mucho juntos. Las pocas veces que lo hacían, terminaban en lugares cerrados y tranquilos, en silencio, apoyados uno contra el otro. Dante estaba bien con eso.
Pero ella no. Terminaron, sí, la espera había sido vana. Una triste ilusión de un destino pactado, ¿verdad? Tanto sufrimiento para nada. Bea ya no entendía las razones por las que empezaron a estar juntos en un primer momento.
Ella no era como Dante, le interesaban cosas, tenía una meta, tenía sueños... tenía las ansias del cambio, de la aventura, de... dejar de pensar, entregarse al momento. Y eso era algo que él no podía hacer. Debía pensar antes.
Esa noche se encontraron, simplemente como amigos. Ninguno de los dos estaba realmente con ánimos para hablar, así que caminaron en silencio, uno junto al otro. Era tarde, pero no querían separarse aún. Tampoco querían seguir juntos, sin embargo, lo otro era más doloroso. Caminar uno junto al otro... el silencio de esa forma infundía menos miedo.
¿Cuándo comenzó a seguirlos ese hombre? Ella no sabría decirlo con facilidad. Sólo escucharon pasos de más en la noche, pero no les prestaron atención. Entonces empezaron los gritos. Ella quiso pararse a ver, pero Dante no se lo permitió. Le dijo que siguiera adelante. Lo hizo, pero el hombre eventualmente los alcanzó.
Todo el dinero... bien, se lo dieron. No había razón para arriesgar la vida por razones meramente monetarias. Toma lo que quieras, mientras pueda ser repuesto. El hombre lo tomó con desconfianza. Parecía alcoholizado y tenía un arma. ¿Eh, la chica? No, eso no. ¿Eh, te voy a llenar de agujeros? Inténtalo si puedes. Y el ladrón lo hizo, pero los gritos de Bea fueron lo suficientemente agudos como para aturdirlo. "Heh, se fue corriendo, ¿lo viste, Bea? ¡Soy un héroe!".
Sangre por su boca, sangre por su estómago. Estaba perdiendo la conciencia, se le notaba. "Voy a dormir un rato, Bea, ¿bien? Sólo pensar un rato, no te preocupes. Cuando me despierte voy a estar...".
Y ahora sigue durmiendo. Hace meses que lo hace.
A veces Bea se pregunta en qué está pensando que demora tanto en despertar.
JHDAYDVAYDA ;___;
ResponderEliminar-abraza a Dante-
Pobrecitu u.u gracias por el comment Hekeeh!
ResponderEliminar